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Menos pantallas, más juegos: la apuesta educativa que busca reconstruir vínculos en las escuelas salteñas

En tiempos donde las pantallas ganan cada vez más espacio en la vida cotidiana de niños y adolescentes, un proyecto educativo que se desarrolla en Salta propone volver a algo tan antiguo como transformador, simplemente jugar. La iniciativa “Más historias menos pantallas” busca recuperar prácticas lúdicas tradicionales para fortalecer vínculos, revalorizar el cuerpo y reconstruir el sentido de comunidad dentro y fuera de la escuela.

El programa, a cargo de la Mg. en Psicología Social Florencia Aguirre y la Lic. en Psicomotricidad María Emilia López, se implementa desde abril de 2025 en escuelas de la Quebrada del Toro, Campo Quijano y La Silleta. Allí, las especialistas impulsan experiencias que integran movimiento, memoria cultural y participación familiar. La propuesta parte de una preocupación concreta, el desplazamiento de los espacios de encuentro por el uso creciente de dispositivos digitales.

En tiempos en los que transitamos una profunda desconexión como sociedad, marcada por el uso permanente del celular, la inteligencia artificial y la inmediatez, encontrarnos con el otro para compartir, jugar y comunicarnos frente a frente vuelve a ser casi una novedad. Pero también es una oportunidad, una forma de recuperar vínculos, construir pertenencia y fortalecer lo comunitario. Sin dudas, se trata de un aporte valioso a la cultura salteña y a la educación.

“Este es un proyecto de investigación y acción. La idea es recuperar los juegos de nuestros abuelos, padres e incluso los nuestros, los adultos. No solo documentamos esto, sino que apuntamos a que se reaviven con las nuevas generaciones”, explicó Florencia Aguirre.

Los chicos se mostraron muy entusiasmados cuando los invitaron a salir junto a las especialistas y docentes a entrevistar a los adultos, quienes les contaron sus historias. Hicieron de mini investigadores. “Nos sorprendió en la Quebrada del Toro, donde un niño agarró una soga y nos dijo ‘seño nosotros jugamos a pialar’, que consiste en que uno de los chicos con una piola corretea a los demás hasta atraparlos. Esto fue muy particular”, recordó. En la zona, también surgió la búsqueda del tesoro, en el que usan piedras, palitos y materiales de la naturaleza. Es decir, lo que se utiliza habitualmente la familia en el campo, se transforma y se usa para jugar.

“En Alfarcito también trabajamos con adolescentes, que se entusiasmaron mucho, al igual que los adultos, que se encontraron así de nuevo con sus infancias”, destacó Aguirre.

Fueron resurgiendo así el trompo, las bolillas, la pilladita, la payana, la rayuela, entre otros. “En este sentido, ahora que con el avance de las urbanizaciones y el flujo vehicular las calles no son tan seguras, se busca revalorizar los espacios públicos como lugares de encuentro y de juegos”, detalló la psicóloga social.

En busca de un equilibrio

Lejos de plantear una guerra contra la tecnología, el proyecto propone equilibrar las actividades. Juegos tradicionales, jornadas con familias y adultos mayores, y actividades corporales compartidas aparecen como herramientas para fortalecer lazos, promover la convivencia y recuperar saberes comunitarios que, muchas veces, quedaron relegados frente a las pantallas. Según el análisis de la experiencia, el juego entretiene, enseña a convivir, a negociar, crear y pertenecer.

Florencia Aguirre explicó: “La escuela fue históricamente un espacio fundamental en la configuración de las identidades colectivas. Más allá de su función educativa, se constituye como un lugar de pertenencia, donde se entrelazan las historias y vivencias de los estudiantes, sus familias y la comunidad en la que se inserta”.

Este vínculo entre la escuela y su entorno -contaron las profesionales- enriquece la experiencia educativa y fortalece el tejido social. Por ese motivo, organizan jornadas participativas con niños, docentes y familias. “Indagamos sobre los juegos tradicionales presentes en la comunidad y su recreación en el ámbito escolar. Promocionamos también el juego vivencial, mediante el desarrollo de encuentros y espacios de trabajo con docentes y equipos directivos”, concluyó Aguirre.