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Jóvenes y autismo: el desafío que empieza después de la secundaria

Cada 2 de abril se conmemora el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, impulsado por la Organización de las Naciones Unidas, con el objetivo de visibilizar el trastorno del espectro autista (TEA) y promover la inclusión. Sin embargo, para muchas familias salteñas, el foco de preocupación ya no está puesto únicamente en la infancia, sino en lo que ocurre después: la adolescencia y la adultez temprana.

El autismo es una condición del neurodesarrollo que afecta la comunicación, la interacción social y el comportamiento, con manifestaciones diversas según cada persona. En los últimos años, la detección temprana y la inclusión en la escuela primaria han mostrado avances. Pero ese camino, advierten padres y organizaciones, comienza a desdibujarse con el paso del tiempo.

«Después del secundario es donde más se complica todo», resume Guillermo Cruz, presidente de la fundación Pedacito del Cielo, de General Güemes, y padre de Maximiliano, de 21 años, con diagnóstico de síndrome de Asperger.
Durante más de una década, la fundación centró su trabajo en niños, brindando terapias y acompañamiento a familias. Hoy, la demanda cambió. «Antes trabajábamos con chicos. Ahora vemos que la necesidad está en los jóvenes y adultos. La mayoría termina el secundario y no tiene oportunidad laboral. Están en la casa, sin hacer nada», describe.

En ese punto, el relato deja de ser institucional y se vuelve personal. Maximiliano logró completar sus estudios en una escuela técnica y obtuvo el título de técnico en electrónica. Sin embargo, el paso siguiente —la educación superior— se volvió inaccesible. «No podíamos acompañarlo todos los días y la obra social no cubría un acompañante. Era imposible sostenerlo», explica Cruz.
Hoy, su hijo permanece en su casa. «Es feo verlo así, después de todo el esfuerzo que hizo para terminar la escuela. Uno siente que todo se frena ahí», agrega.

La historia no es aislada. Patricia Singh, docente y madre de Gonzalo, también de 21 años, describe un recorrido atravesado por obstáculos similares. «Todo queda en promesas, pero no hay nada concreto. La inclusión está en las leyes, pero no en la práctica», sostiene.
Gonzalo egresó de la misma escuela técnica que Maximiliano y, a diferencia de otros casos, logró continuar formándose en un centro de formación profesional. Su interés está en la programación, un campo que podría abrirle oportunidades laborales. Sin embargo, el camino está lejos de ser sencillo.

Para asistir a terapia especializada, debe viajar solo desde General Güemes hasta San Lorenzo, combinando distintos medios de transporte. «Puede hacerlo, tiene independencia. Pero lo que falta es la oportunidad real», remarca su madre.
El problema, coinciden, no es la capacidad sino la falta de condiciones para su inclusión. «No pedimos que regalen nada. Queremos que les den la posibilidad de demostrar lo que pueden hacer», enfatiza Singh.

El quiebre en la secundaria

Aunque el foco suele ponerse en la adultez, las dificultades comienzan antes. La transición a la escuela secundaria marca, para muchos, el inicio de un proceso de exclusión progresiva.
Las familias señalan: menor acompañamiento pedagógico, docentes sin formación específica, dificultades para sostener adaptaciones, desgaste emocional en estudiantes y padres.
«El sistema responde mejor en primaria. Después, todo depende mucho de la voluntad individual de cada docente o institución», explican. A esto se suma que muchas obras sociales reducen coberturas con el paso de los años, especialmente en lo vinculado a acompañantes terapéuticos.

El vacío después de los 18

El escenario se vuelve más crítico al finalizar la escolaridad obligatoria. «Golpeamos muchas puertas en el parque industrial y ninguna empresa incorpora jóvenes con autismo. Ni siquiera para una pasantía», advierte Cruz.
La falta de programas de inserción laboral, de espacios de formación adaptados y de políticas públicas específicas deja a muchos en una situación de aislamiento. «El autismo parece terminar en la infancia. Después, desaparece del sistema», resume Singh.
En ese contexto, las familias asumen casi en soledad la responsabilidad de sostener rutinas, actividades y proyectos de vida. «Si no hay algo que los contenga, terminan perdiendo lo que lograron», alertan.

Reclamos y propuestas

Frente a este panorama, las demandas son concretas:
– programas de inserción laboral con acompañamiento
– formación docente en nivel secundario y superior
– continuidad en coberturas de salud
– dispositivos de transición a la vida adulta

Desde la fundación, además, buscan impulsar espacios que permitan a los jóvenes desarrollar habilidades y proyectarse. Sin embargo, reconocen que sin articulación con el Estado y el sector privado, el alcance es limitado. «El autismo es una discapacidad invisible. Muchas veces no se ve, pero está. Y si no generamos condiciones, los dejamos afuera», advierte Singh.

Autismo en Argentina: 7 de cada 10 conocen a alguien con TEA, pero solo 1 de cada 4 entiende de qué se trata

En un contexto de creciente visibilidad del autismo, un nuevo informe nacional expone una brecha preocupante: la mayoría de los argentinos tiene contacto cercano con el Trastorno del Espectro Autista (TEA), pero el nivel de comprensión social sigue siendo bajo.

El dato surge del estudio “Conocimiento y percepción social del TEA en Argentina”, elaborado por la consultora Opina Argentina sobre la base de 1.415 casos en todo el país. Fue presentado en la Facultad de Derecho de la UBA, en el marco de la jornada “Miradas que conectan”, que dio inicio a la Semana Azul por el Día Mundial de Concientización sobre el Autismo.

Los resultados muestran una contradicción marcada: el 70% de los encuestados afirma conocer a alguien con autismo, lo que confirma una mayor visibilidad del trastorno. Sin embargo, apenas el 25% considera tener un alto nivel de comprensión sobre sus características y síntomas. En línea con esto, el 87% cree que la sociedad no está suficientemente informada.

El informe también da cuenta del aumento de diagnósticos: actualmente, 1 de cada 31 niños recibe un diagnóstico de TEA. Para la mayoría de los encuestados, este crecimiento se explica principalmente por una mayor cantidad de estudios y detecciones (30%) y por el aumento de la conciencia social (24%).

A pesar de estos avances, persisten déficits estructurales. El 62% de los consultados considera que la dirigencia política no está a la altura del desafío, mientras que un 38% identifica fallas en todos los ámbitos, desde el sistema de salud hasta la educación y la vida cotidiana.

En ese sentido, el relevamiento también midió la percepción sobre decisiones recientes en materia de discapacidad. La eventual disolución de la Agencia Nacional de Discapacidad registra un 74% de desaprobación, un dato que —según el analista político Facundo Nejamkis, autor del informe— “atraviesa a todo el electorado, más allá de las afinidades políticas”.

“El Estado aparece de manera consistente en las demandas sociales vinculadas al autismo: mayor inversión, campañas de sensibilización y mejor formación profesional son algunas de las principales medidas señaladas. Es muy difícil pensar la resolución de esta problemática sin el Estado”, sostuvo.

La jornada “Miradas que conectan” reunió a especialistas, organizaciones y referentes con el objetivo de visibilizar el autismo y promover una sociedad más informada e inclusiva.

La conclusión del informe es contundente: el autismo forma parte de la vida cotidiana de millones de argentinos, pero el desconocimiento sigue siendo una de las principales barreras para la inclusión.