«¿Cómo se sustenta esto en el tiempo?». Esta pregunta que Peter Thiel, uno de los principales empresarios tecnológicos de Silicon Valley, le formuló Javier Milei y a sus numerosos interlocutores durante su prolongada estadía en Buenos Aires, sintetiza acabadamente la incógnita central del «establishment» económico, cuya dilucidación impacta en las perspectivas de inversión y en el índice riesgo país, un factor decisivo que determina la posibilidad de acceso al crédito externo, condición para un proceso de desarrollo sostenido.
Pero Thiel no es un empresario más. Su trayectoria y su pensamiento lo posicionaron como el nexo entre la comunidad empresarial de alta tecnología con Donald Trump. Fue el promotor del lanzamiento político del vicepresidente JD Vance, aspirante a la sucesión presidencial de 2028. Su visión estratégica intenta siempre trascender las coyunturas. Prueba de ello es que para conocer la Argentina adquirió una casa en Buenos Aires y abrió un amplio abanico de contactos empresarios y políticos.
La respuesta de Milei al interrogante de Thiel reflejó con rotunda claridad la apreciación presidencial. Sostuvo que para garantizar la continuidad y el éxito del programa de reformas estructurales el gobierno desarrolla dos cursos de acción simultáneos y complementarios. El primero es construir una fuerza política nacional. El segundo es vencer en la «batalla cultural» para mantener el apoyo de la opinión pública. Ambos pilares sustentan el proyecto de reelección. En otros términos, Milei ratificó las misiones asumidas por Karina Milei y Santiago Caputo, respectivamente.
Sergio Feler, autor del libro «Principios del poder», sostiene que: «La historia económica muestra un patrón común: los programas no fracasan por el diagnóstico. Fracasan porque no sobreviven la transición. El problema no es el rumbo, sino el puente. Porque en economía, como en política, no alcanza con tener razón. Hay que sobrevivir el tiempo suficiente para que esa razón tenga tiempo de funcionar».
Las cifras de la economía revelan esa transición. La acumulación de divisas del Banco Central registrada en los últimos meses no evita que las reservas monetarias sean fuertemente negativas. El monto de la deuda pública, que por su porcentaje sobre el producto bruto interno está dentro de lo aceptable según los parámetros internacionales, se ve agravado por el volumen de los vencimientos de corto plazo. El descenso de los ingresos fiscales obliga a una reducción adicional del gasto estatal para sostener el superávit de las cuentas públicas.
Las previsiones empero coinciden en que, por primera vez desde 2008, la Argentina tendrá tres años de crecimiento económico continuo. Pero, como lo subrayan todos los expertos, este crecimiento es profundamente desigual. Está concentrado en cuatro sectores fundamentales, la energía, la minería, el agro y el sistema financiero, y está vinculado con la apertura internacional de la economía. De allí que vaya de la mano de un marcado descenso del empleo formal.
Esta dualidad estructural, que golpea especialmente sobre el conurbano bonaerense, está acompañada por una caída en la recaudación fiscal que obliga a una vuelta de tuerca en el ajuste presupuestario, exhibido en lo que sucede con el PAMI, las obras sociales gremiales y las universidades públicas, así como en el incremento de la morosidad en el pago de los créditos particulares, factores que aumentan la tensión social.
Mientras tanto, Milei insiste en sostener, inquebrantablemente y ante cualquier circunstancia, su prioridad estratégica fundamental, que es su alianza con el gobierno de Donald Trump. Ese énfasis se manifestó en su firme alineamiento junto a Estados Unidos e Israel en la guerra con Irán y quedó graficado en la foto que lo muestra a bordo del submarino Nimitz de la Armada estadounidense.
Esa postura no responde únicamente a una cuestión de política exterior. En la victoria electoral que La Libertad Avanza obtuvo en las elecciones de octubre pasado, cuando la sociedad expresó con su voto la percepción de que se trataba de elegir entre «Milei o la nada», cumplió un papel decisivo la ayuda de Trump, quien salió en auxilio del gobierno tras la derrota en las elecciones bonaerenses de septiembre, que había abierto un escenario lindante con la ingobernabilidad.
La «interna» del gobierno obedece a la exigencia de armonizar dos tendencias estructurales a veces contrapuestas. La primera es avanzar en el cumplimiento de las metas establecidas. La segunda es sostener la gobernabilidad que posibilite ese avance. Las denuncias de corrupción, centradas principalmente en el jefe de Gabinete Manuel Adorni y en otros episodios de singular trascendencia mediática, no son el mayor desafío que afronta el gobierno. El epicentro del problema, derivado de las desigualdades en el modelo de crecimiento, reside en la microeconomía, el impacto del bolsillo, aquello que Perón definía como «la víscera más sensible del cuerpo humano».
En esa preservación de la gobernabilidad cabe ubicar el cambio operado en el Ministerio de Justicia, con el relevo de Mariano Cúneo Libarona y el encumbramiento de Juan Bautista Mahiques, que sale al cruce de una serie de reveses judiciales que transformaron al Poder Judicial, y por lo tanto a la negociación para la designación de magistrados, en un terreno de áspera lucha política con protagonistas muchas veces desconocidos por la opinión pública.
Este esfuerzo coincide con un momento en que las encuestas muestran un descenso en la imagen gubernamental. Los niveles de desaprobación han crecido sensiblemente. Para un segmento creciente de la opinión pública la mayor cuota de responsabilidad de la actual situación del país, que hasta octubre pasado era atribuida a las gestiones anteriores, ahora recae sobre el actual gobierno. El tradicional índice de confianza en el gobierno que elabora la Universidad Torcuato Di Tella experimentó una continua reducción en los últimos meses.
Guillermo Olivetto, un reconocido analista en las tendencias de opinión, afirma que si hasta hace unos meses en las encuestas el sentimiento de esperanza prevalecía sobre la sensación de añoranza en los últimos tiempos esa tendencia se invierte y la añoranza empieza a prevalecer sobre la esperanza.
Silvana Walker, otra experta en la materia, advierte que en el extremo inferior de la pirámide social, conformado por la franja que no completó sus estudios primarios, un sector que se correspondía históricamente con el voto peronista pero donde en 2023 había penetrado notoriamente la prédica de la Libertad Avanza, se observa hoy un índice de desilusión con el gobierno superior al evidenciado en el promedio la opinión pública.
En esta nueva atmósfera empieza a configurarse el escenario electoral. A diferencia de la percepción entre «Milei o la nada» que caracterizó la contienda legislativa de 2025, esta vez comienzan a observarse, dentro de ese «archipiélago de la nada», ciertas iniciativas, todavía bastante difusas, orientadas a la construcción de una alternativa de gobierno.
Allí cabe encuadrar diferentes intentos de recomposición del peronismo, entre ellos la reunión nacional realizada días pasados en Parque Norte, los cada vez más frecuentes conciliábulos entre los gobernadores peronistas y numerosos intendentes de municipios relevantes y el encuentro del gobernador Axel Kiciloff con Emilio Monzó y Nicolás Massot, que trabajan coordinadamente con Miguel Ángel Pichetto, quien sorprendió a muchos de sus allegados con su entrevista con Cristina Kirchner.
Esta incipiente reconfiguración del peronismo, que precisamente tiene como común denominador el ocaso de liderazgo de la expresidenta y la extinción del «kirchnerismo» como opción de gobierno, tiende a converger con sigilosos movimientos dentro del «círculo rojo», personificados en figuras como Paolo Rocca, que apuntan a gestar una «alternativa de centro» a Milei y tantean posibles candidaturas, entre ellas de «outsiders» como Jorge Brito o, eventualmente, Martín Redrado.
En esa convergencia, alejada de las fracasadas recetas del pasado, que reconoce la necesidad de la integración de la Argentina en la nueva realidad mundial y de la preservación del ordenamiento macroeconómico, puede visualizarse también otro intento de respuesta al interrogante de Thiel sobre «¿cómo se sustenta esto en el tiempo?».

