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¿Tiene relevancia? Qué impacto tiene la altitud en los deportistas de alto rendimiento

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Practicar deporte, ya sea entrenar o competir en contextos de gran altitud, implica enfrentar condiciones particulares que impactan de manera directa en el rendimiento físico y los tiempos de recuperación. Esta situación afecta tanto a atletas profesionales como a aficionados que desarrollan actividades en zonas elevadas, como corredores, ciclistas, montañistas o futbolistas.

En estos entornos, la menor disponibilidad de oxígeno modifica la capacidad aeróbica del organismo, por lo que resulta fundamental comprender estos cambios y aplicar adaptaciones específicas para sostener el desempeño.

CÓMO AFECTA LA ALTURA A LOS DEPORTISTAS DE ALTO RENDIMIENTO

Según un informe de la revista especializada en tecnología deportiva Coros y distintos estudios científicos, a medida que se asciende en altura la presión atmosférica disminuye, lo que reduce la cantidad de oxígeno que pasa de los pulmones a la sangre.

Este cambio impacta de forma directa en el rendimiento: baja el consumo máximo de oxígeno (VO₂ máx.), aumenta la frecuencia cardíaca ante esfuerzos moderados y aparece la fatiga de manera más temprana en actividades prolongadas.

Estos efectos comienzan a percibirse a partir de los 1.500 metros sobre el nivel del mar y se intensifican con la altitud, por lo que los deportistas de resistencia suelen ajustar su preparación en función de estas condiciones. Para ello, el control de la saturación de oxígeno en sangre (SpO₂) y el seguimiento del proceso de aclimatación resultan claves, ya que permiten anticipar síntomas y regular la carga de entrenamiento. En este sentido, herramientas como relojes inteligentes o pulsioxímetros brindan información en tiempo real sobre la respuesta del organismo.

La planificación también juega un papel central. Especialistas en alto rendimiento sugieren organizar la llegada a la altura según el objetivo deportivo: en competencias que se realizan dentro de las primeras 24 horas, el cuerpo mantiene parámetros similares a los del nivel del mar, lo que puede reducir el impacto. En estancias intermedias, se recomienda entrenar en zonas elevadas pero descansar a menor altitud, favoreciendo la adaptación sin afectar la recuperación.

Cuando la exposición supera las dos semanas, el organismo comienza a generar cambios fisiológicos más profundos, como el aumento de glóbulos rojos y hemoglobina, junto con una mayor eficiencia muscular. En ese contexto, se aconseja iniciar con cargas bajas e incrementar la intensidad de forma progresiva. Indicadores como la SpO₂, la frecuencia cardíaca y la altitud permiten evaluar el grado de adaptación y definir cuándo avanzar con mayores exigencias.

Otro aspecto clave es la hidratación. Las condiciones de altura suelen implicar aire más seco y mayor pérdida de líquidos, por lo que mantener un consumo adecuado de agua y electrolitos resulta fundamental para evitar la fatiga y mejorar la recuperación.

El impacto en el rendimiento también varía según el tipo de actividad. En pruebas de media y larga distancia, el desempeño suele verse afectado especialmente por encima de los 1.500 metros, mientras que en ultramaratones o competencias de montaña la aclimatación previa se vuelve indispensable para sostener el ritmo. Aun así, muchos atletas de élite eligen entrenar en altura por sus beneficios a largo plazo, como la mejora en la capacidad aeróbica y el aumento del umbral de lactato.

En definitiva, adaptarse a la altitud requiere una planificación personalizada y un monitoreo constante. Ajustar la intensidad, controlar la hidratación y evaluar la respuesta fisiológica son aspectos clave para reducir riesgos y optimizar el rendimiento, tanto en deportistas profesionales como en quienes buscan nuevos desafíos en entornos de montaña.