Un hombre camina en medio de un bombardeo. Lleva el cabello largo y barba. Predica en el caos mientras una tormenta de arena se levanta detrás de él como una pared. Esa imagen, los primeros segundos de la serie Mesías, alcanzó para encender una polémica que cruzó continentes, religiones y organismos gubernamentales antes de que cualquier espectador pudiera sacar sus propias conclusiones.
La idea que inquietó a Netflix
Michael Petroni es un guionista y director australiano cuyo padre se crió en Egipto, con una fascinación documentada por las historias de fe y los bordes entre lo sagrado y lo profano: escribió el libreto de El rito (la película de 2011 con Anthony Hopkins sobre un exorcismo) y tiene en su haber varios proyectos que orbitan esa misma zona de incomodidad espiritual. Cuando llegó a Netflix con la propuesta de Mesías, la plataforma se puso, en sus propias palabras, «nerviosa».

«Era un concepto muy audaz», reconoció Petroni, y agregó: «En el piloto, un tipo va a hacer marchar a dos mil sirios y palestinos a través de la frontera de Israel». A eso se sumaba la construcción de una réplica a escala del Monte del Templo –el lugar más sagrado del judaísmo– incluida la Cúpula de la Roca, desde donde la tradición islámica ubica la ascensión del profeta Mahoma. Filmar allí nunca fue una posibilidad real, pero recrearlo ya era una declaración de intenciones sobre el tipo de terreno que la serie estaba dispuesta a pisar.
Netflix aceptó el proyecto. Se filmó en Jordania y en varios escenarios de Nuevo México. El resultado fue una serie de diez episodios que se estrenó el 1 de enero de 2020 y que tardó menos de dos semanas en desatar una tormenta diplomática y religiosa de proporciones que ninguna ficción de la plataforma había logrado provocar hasta ese momento.
Al-Masih: el nombre que lo cambió todo
El personaje central de la serie se llama Al-Masih, interpretado por el actor belga de origen argelino Mehdi Dehbi. Aparece por primera vez en Damasco, predicando en medio de los ataques del Estado Islámico. Lo que dice convoca. Y lo que pasa después de que lo dice –una tormenta de arena que obliga a las fuerzas de ISIS a retirarse– es, para sus seguidores, una señal inequívoca. Para el espectador, una pregunta que la serie se encargará de responder durante diez episodios.

El problema con el nombre fue inmediato y específico. «Al-Masih» es el término con el que el Islam reconoce a Jesucristo. Pero es también –en una capa más oscura de la teología islámica– el mote con el que Dajjal, el falso profeta, el equivalente al Anticristo, se anuncia a sí mismo: «Al-Masih ad-Dajjal», que podría traducirse como «el falso mesías, el mentiroso, el impostor».
Esa dualidad semántica no fue un descuido de producción. Fue, según el propio Petroni, una elección deliberada para instalar la ambigüedad en el corazón del relato. Pero para una parte significativa del público musulmán, la elección fue directamente irrespetuosa.
La reacción no tardó en materializarse. Antes del estreno, una petición en Change.org convocaba al boicot de la serie calificándola de «propaganda malvada y anti-islámica». Netflix salió a apagar el incendio a través de sus cuentas oficiales en Twitter, aclarando que ese «no es realmente el nombre del personaje». La aclaración no bajó las aguas.
Jordania pidió que la bajen: el primer caso de censura formal
La Comisión Real de Cine de Jordania –la misma institución cuyo territorio fue usado como set de filmación para las escenas de Medio Oriente– envió un comunicado oficial solicitando a Netflix que se abstuviera de transmitir la serie en el país. El texto era cuidadoso en sus formas pero directo en su fondo: el contenido «podría ser percibido o interpretado en gran medida como una violación de la santidad de la religión» y la RFC, como «institución pública y responsable», no podía «aprobar o ignorar los mensajes que infringen las leyes básicas del Reino».
La solicitud se extendió más allá de Jordania. La Comisión pidió que la serie no se transmitiera en los países musulmanes en general, un pedido que, de haberse cumplido, hubiera representado una restricción de alcance histórico para la plataforma en esa región. Netflix no la bajó. Pero tampoco salió públicamente a defender la serie con el mismo entusiasmo con el que la había lanzado. El portavoz de la compañía respondió a Deadline con una sola línea: «Mesías es una obra de ficción. No se basa en ningún personaje, figura o religión».

Del destaque en el ranking a por qué es tan actual
Mesías alcanzó el top 10 de la plataforma en varios países durante su estreno, y en Rotten Tomatoes acumuló un 91% de aprobación de audiencia basado en 829 reseñas, una cifra extraordinariamente alta para una serie que la crítica especializada había recibido con apenas un 44% de puntaje positivo. Esa brecha entre la recepción crítica y la audiencia real decía algo sobre el tipo de espectador que la serie había encontrado, y sobre lo que ese espectador buscaba en ella.
En 2020, la discusión sobre Mesías se mezclaba con la pandemia, con el debate sobre libertad de expresión que Charlie Hebdo había reabierto cinco años antes, con la tensión permanente en Medio Oriente. En 2026, esos contextos no desaparecieron: se profundizaron. Una serie que cancelaron, que todavía está disponible en Netflix y que imagina cómo reaccionaría la sociedad moderna ante la aparición de una figura mesiánica en un mundo saturado de redes sociales, fake news y conflictos religiosos no envejeció.
Irrespetuosa para los musulmanes, blasfema para los cristianos, incómoda para todos: qué ver si te gustó Mesías
Misa de Medianoche (Midnight Mass)– Netflix
Si Mesías preguntaba qué pasa cuando un posible profeta aparece en el mundo contemporáneo, Misa de Medianoche se cuestiona qué pasa cuando los milagros llegan a un pueblo que los necesita demasiado desesperadamente. Un sacerdote carismático llega a Crockett Island, una comunidad isleña en decadencia, y con él empiezan a ocurrir cosas que la gente quiere llamar milagros.
Mike Flanagan –el director de La maldición de Hill House– construyó su obra más personal: una parábola sobre el fanatismo religioso, la adicción y el costo del fervor que no pide permiso para asustar. Hamish Linklater, en el rol del padre Paul, entrega una de las actuaciones más perturbadoras del streaming de la última década.
The Leftovers– HBO Max
El 14 de octubre de 2011, el 2% de la población mundial desapareció de forma abrupta y sin explicación. No hubo detonante, no hubo patrón, no hubo ciencia ni teología que lo justificara. Lo que quedó fue el resto de la humanidad intentando seguir viviendo con una herida que no tiene forma ni nombre.
The Leftovers, creada por Damon Lindelof –el mismo showrunner de Perdidos– junto al novelista Tom Perrotta, es la serie sobre la fe que más lejos fue en rechazar el consuelo fácil. Hay sectas, hay profetas, hay líderes carismáticos y hay personas que eligen creer cualquier cosa antes de aceptar que no hay respuesta.
The Path -Amazon Prime Video
Menos conocida que las anteriores pero, para los que disfrutaron la tensión política y espiritual de Mesías, probablemente la más adictiva. The Path sigue a una familia al interior de Meyerism, un movimiento espiritual ficticio que tiene todas las características de una secta.
Aaron Paul y Michelle Monaghan –la misma Michelle Monaghan de Mesías– protagonizan una historia que se mete en la psicología del creyente con una precisión que pocas series lograron. Lo que hace especial a esta serie es que no toma partido fácil y tiene tres temporadas que cada vez se ponen más oscuras.
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