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Misión cumplida, hubo milanesas con arroz para los niños de La Silleta

Las milanesas con arroz salieron a las 11.45, de este domingo, en el comedor comunitario Pan de Vida, ubicado en la localidad de La Silleta. Alcanzó para las 200 raciones que tienen que tener todos los domingos que funciona el comedor.

Si bien el comedor comunitario tiene como destinatarios las infancias de las familias campesinas del Valle de Lerma, se sabe que al encuentro acuden también adultos mayores.

La historia de este desafío de las milanesas con arroz se remonta a principios de marzo, cuando la mujer que está al frente de esta organización comunitaria, Jimena Calafiore, les prometió a los niños y niñas el tradicional almuerzo argentino con carne. Cualquiera sabe que estos tiempos de crisis alimentaria y altos precios de las carnes hacen que las palabras de la promesa sea queden grabadas como fuego.

El 13 de marzo último, Jimena sufrió un percance con su salud y la organización comunitario quedó inmovilizada por un momento. Se suspendieron las milanesas; más bien se pidió una prórroga.

Desde hace 16 años que funciona el comedor, con ella siempre en los comandos. Fue la primera vez quedaban acéfalos, pero reaccionaron. Porque se debe decir que el comedor no funciona sólo por Jimena Calafiore; hay madres y amigos solidarios que hacen que todo funcione. Era entonces el momento de salir adelante sin la presencia de la capitana.

El comedor cuenta con 5 mamás cocineras, otras 4 que se encargan de la ropa, 4 de limpieza y las que van cuando pueden se encargan de organizar la entrega de comida, cuidar a los niños, verlos, etc. Importantes son Adrián y César que también cargan, descargan, juntan, recolectan; son los polifuncionales. Porque se debe decir que la entrega en la mesa es la foto final de un proceso de dos semanas de trabajo intenso, tenso y voluntario.

Ese trabajo esmeriló la salud de Jimena que tiene la recomendación médica de no ir al comedor; que por supuesto no hizo caso y fue hoy al mediodía. «Me vine sólo ratito, no le digan nada a mi médico», le dijo a El Tribuno que también fue a ver cómo iba la cosa.

«Son chicos que siempre comen guisos, salsa o sopas. Es por eso que cuando prometimos las milanesas todos se entusiasmaron. Yo prometo a veces sin saber bien si voy a poder cumplir. Pero no me importa, yo me encomiendo a Dios y Él me ayuda. Ahora no sé cómo vamos a seguir porque por el momento no puedo seguir trabajando», dijo Calafiore y como siempre: se larga a llorar.

Hoy tiene todas las emociones encontradas. Sufre porque no puede hacer mucho, pero se alegra porque la organización funciona. Ella pensaba que invencible, pero el cuerpo pide a veces, de manera silenciosa, un descanso.

«Yo quiero agradecer a los lectores de El Tribuno y a la audiencia de Radio Salta que cuando vieron las notas sobre la situación reaccionaron rápido y nos brindaron toda su solidaridad. También a los grupos que siempre nos están acompañando. Muchas personas de todos lados nos aportaron lo que pueden y con eso logramos comprar la carne», dijo JImena.

Sólo para tener una magnitud. Los 17 kilos de carne que compraron ayer costó 254.000 pesos en un mayorista de Salta. Por supuesto que se sumó eso a lo que ya tenían. Los miedos y las tensiones por no poder cumplir la promesa recién se fueron anoche. Es por eso que hoy fue todo alegría y agradecimientos.

Pero eso no es nada, hasta el comedor funcionaba un domingo por medio. Desde ahora, que comenzaron las clases, brindarán su trabajo todos los domingos. Así que los desafíos continuarán.