Entre playas de agua cristalina, atardeceres inolvidables y largas charlas frente al mar, Mariel Di Lenarda encontró en Aruba mucho más que un destino paradisíaco: un espacio para frenar, reflexionar y volver a conectar con ella misma. En diálogo con Revista GENTE, la periodista repasa anécdotas de su carrera, habla de los cambios en el periodismo y la exposición mediática y también se anima a abrir una ventana a su costado más íntimo.
Reservada, filosa y auténtica, comparte cómo aprendió a desconectarse del trabajo, qué lugar ocupa hoy el amor en su vida y por qué elige proteger su intimidad en tiempos donde todo parece compartirse. Además, recuerda sus inicios junto a Sandra Borghi, revela el consejo que más le repite a su amiga y reflexiona sobre el desafío de comunicar con responsabilidad en una época atravesada por la inmediatez.
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-¿Qué fue lo primero que pensaste cuando llegaste a Aruba?
-«Y finalmente conozco la isla feliz»… Tenía pendiente este viaje desde 2022 y por trabajo no había podido concretarlo. Respire profundo ese aire increíble y me invadió la felicidad. Posta.
-¿Cuál fue el momento más especial o inesperado del viaje?
-Hubo muchos. Pero el primer atardecer que vi sentada al lado del mar en Eagle Beach, con mi amiga Sole, realmente fue inesperado. Agradecí profundamente ser testigo de esa belleza, los atardeceres ahí son increíbles. Y a decir verdad, ¿cuántas veces tenemos la oportunidad de ser protagonistas de algo tan inmenso y bello? Es algo que me llegó al alma.

-¿Te permitís apagar el teléfono y desconectarte del trabajo?
-¡Re! Lo aprendí con los años. El mundo y el país siguen andando. Es dejar de lado el ego. La noticia no soy yo, y si pasa algo y estoy ausente, se sabrá igual… aunque yo no esté disponible para contarla. Es necesario hacerlo, sino jamás desconectás.


-¿Qué aprendés sobre vos misma estando relajada en un viaje?
-En este caso fue un aprendizaje en muchos sentidos porque viajamos con colegas que no conocía en profundidad. La convivencia, el adaptarte a la propuesta, el respeto al otro y al lugar, el ceder mis ganas por los objetivos del grupo resultó buenísimo. En otros viajes también aprendo a observar, y observarme. No todas las cosas que redescubro me gustan, y siempre me digo que a la vuelta me pondré a trabajar en ellas. Pero no siempre me cumplo…
«En el periodismo no cambió nada de fondo»
-Llevás muchos años en radio y televisión: ¿qué sentís que cambió más en el periodismo?
-Decenas de cosas, de formas, pero nada de fondo.
-¿Cómo se construye credibilidad en una época tan atravesada por la inmediatez?
-Toda una vida para construirla y un segundo para perderla… Al haber tantos medios al alcance de todos, que son canales de comunicación de una noticia, con actores que se sumaron desde el común y que no son profesionales de la comunicación pero comunican, más que nunca hay que ser responsables.

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-De todos modos, hay una historia de años atrás de cada uno…
-… Y un presente que cada uno elige. Si vas por ser “celebrity de la noticia” (el ego del que hablé antes) corres más riesgo. Cada uno elige… Si te equivocás, quienes te siguen sabrán que no es nada ni tuviste mala leche. Se reconoce el error y se sigue. Ahora, si siempre te equivocás, estás jodido.
-¿Sentís que hoy ser “periodista serio” requiere más esfuerzo que antes?
-¡Que pregunta rara! (risas) No encuentro otra forma de hacer o ser periodista. Yo no soy, en las formas, la que siempre frunce el ceño o pone voz y cara de circunstancia para ser seria o parecerlo. Mis formas son más coloquiales. Sin embargo, encaro cada día con la misma responsabilidad de siempre.

-¿Alguna vez sentiste presión por mostrar más de tu vida privada?
-¡Jamás! ¿A quien le importaría? Soy una mina común. No soy, como te digo, celebrity. Con lo cual, bastante bien nos arreglamos con mis seguidores-oyentes, que me conocen desde que empecé y no me presionan. Para el resto seguro se aplica el famoso “quién es” o el “quiénes son” de Moria Casán.
-¿Hay alguna entrevista o cobertura que te haya marcado especialmente?
-Decenas. Las tragedias son las que siempre se mencionan. Pero yo elijo la que me dio el empuje para este camino. La primera, una jornada de elecciones en la que seguí a Raúl Alfonsin en un móvil cubriendo su votación en Chascomús, cuando había dejado de ser presidente. Estuve una hora insistiéndole y conseguí que hablara con Magdalena Ruíz Guiñazú. Le dije entre otras cosas eso: “Si consigo que usted hable, empieza mi carrera”. Y siento que así fue.

-¿Cómo manejás la responsabilidad de comunicar en tiempos de tanta sensibilidad social?
-Reconozco que me cuido más. Uso más mis frenos inhibitorios y elijo más las palabras. Si no estoy segura de que lo que quiero decir pueda ser interpretado con la intención que quiero darle, ante la duda reformulo o me lo guardo. Es un aprendizaje constante y un desafío. Me he equivocado sin intención de dañar y he dañado. Reparé lo que estuvo a mi alcance. Pero el daño también me lo he hecho yo en esos momentos, por lo cual ojalá no vuelva a pasarme de atravesar situaciones así, porque esas sensaciones son muy feas. Para eso, pienso más.
-Siempre mantuviste un perfil reservado: ¿fue una decisión consciente desde el inicio?
-Creo que hay personas que por un motivo u otro son como semáforos, la prensa pone siempre el ojo en ellas y la gente por admiración o hate también. Yo no me considero ese tipo de profesional, no confronto. Por lo general soy una mina de perfil bajo. Cuando mi trabajo me ha llevado a una exposición más alta, la pasé mal. Entiendo las reglas del medio, pero yo amo andar en zapatillas por mi barrio, o ir al súper sin gorra y de incógnito (risas). Mil veces me olvido que la gente me encuentra en tele y en la radio. Entonces, cuando se copa saludándote o pidiéndome una foto, me pregunto qué pensaran todos al descubrirme a cara lavada, ya que con las luces y el makeup de los medios somos todas divinas (sonríe). Podría hacer tomado otro camino, pero me siento muy bien con mi perfil, como vos decís.
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-¿Cómo se protege la intimidad en un medio donde todo parece compartirse?
-Mil veces me gustaría contar cómo me siento en mis redes porque mi comunidad en redes es super fiel. Después pienso que eso puede llegar a miles de personas que no saben nada de mi, y digo “no” y pienso en mi burbuja. Esa es una forma de protección. Compartir todo, genera todo tipo de energías, y no siempre de las buenas. Por eso elijo evitarlo.
-Hace un tiempo dijiste que en tus relaciones sos muy independiente y eso terminó siendo un problema, ¿pudiste trabajarlo?
-(Piensa) ¡No!
-¿Por qué?
-Porque no volví a tener un vínculo estable ni de ningún tipo. Pero sigo siendo independiente, hago y deshago como quiero, como lo siento, y sigo mi deseo, que es algo que me encanta. Te cuento en el próximo reportaje a ver cómo me va.
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-¿Qué esperas encontrarte en la otra persona a esta altura de la vida?
-A veces pienso si volveré a enamorarme. Sí creo poder “entusiasmarme” con alguien, pero ¿enamorarme? No sé cómo es el amor a mis 50 y pico… Ojalá se dé. Espero encontrarme con alguien que me vea más allá de lo que ve. Que ame todo lo que soy, la locura, las torpezas y los humores. A esta altura de la vida no me bancaria que me quieran cambiar. Deseo a un hombre ya hecho, que esté dispuesto a disfrutar, de todo. Espero viajes, risas, piel y que me guste mucho.
-¿Complicado?
-No me lo planteo. Si llega genial: yo me siento súper plena y joven para amar.
-¿Con los años aprendiste a priorizarte más?
-Sí. Creo que todos lo vamos haciendo a medida que crecemos. Igual soy de las que protegen. Era medio bombero, de estar siempre disponible para todos, y siento que ya no lo soy tanto. Quienes me conocen saben que, aunque sigo estando siempre, respeto más mis ganas. Manejo mejor la culpa de no ser la disponible 24/7 en todos los aspectos de la vida.

-Hace 27 años trabajas en Mitre y ahí tenes una amiga que casi es familia… ¿Cómo recordás los inicios en la profesión compartiendo los gastos de alquiler con Sandra Borghi?
-Ella es familia. Dios mío, yo recuerdo cosas que ella no. Soy muy de los detalles de las situaciones. Pasan los años y me acuerdo hasta de lo que teníamos puesto o lo que dijimos o como o con quien bailamos, y así. Sandra tiene memoria más corta (risas). Decirnos ese tipo de cosas nos divierte mucho. Tenemos tantos códigos, surgen, fluyen…. Éramos niñas. Trabajábamos las dos en radio: cuando yo llegaba antes a una cobertura, venía Sandra al rato corriendo a buscar mis apuntes. Le explicaba la situación y ella con mis datos y todo lo que le decía salía al aire se mandaba con toda autoridad, como si hubiera estado horas buscando información. Yo siempre fui y soy la que estudia todo, la que siente que le falta algo. Sandra es brillante en salir más al toro en las coberturas. Confía mucho más en su capacidad.
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– ¿Cuáles son los consejos que se dan de amiga a amiga o de “hermana de la vida» a «hermana de la vida”?
-Yo a ella le digo que no se mande en todo a full. Es la Mujer Maravilla… Yo, que soy más miedosa o cuidadosa no quiero que se lastime. Me estreso de solo pensar en hacer tantas cosas a la vez. Ella a mí me dice que me anime más, que confíe y no me enoje tanto. Y q sea más disciplinada en mis buenos hábitos…. Que duerma menos y que haga más.
-¿Cómo podrías definir esa relación?
-Por alguna razón, quizá porque soy más grande, siempre tome el rol de protección. Y como buena Ariana imagínate que me encanta decirle lo que tiene que hacer. Me considero intuitiva. Eso me hace más “miedosa” y entonces siempre estoy diciéndole las contras de situaciones que considero pueden dañarla o exponerla. Obvio es adulta y ella decide. Es una enorme motivadora, una topadora. Ve cosas que yo no veo, me quita el miedo, me sube a su tren, y allá vamos.

