ESPECTACULO

La palabra oficial de la familia de Ángel: su abogado negó que la enfermedad respiratoria haya sido la causa de muerte

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En las últimas horas, la familia de Ángel volvió a hablar —esta vez con un mensaje “oficial” difundido por su abogado— en medio del ruido público que rodea el expediente. La voz elegida fue la de Roberto Castillo, representante de la querella, quien publicó una serie de historias de Instagram para fijar postura ante la versión que circuló sobre una supuesta enfermedad respiratoria preexistente.

En su planteo, el punto central es contundente: para la familia, esa condición no fue la causa de muerte y, lejos de aliviar responsabilidades, agrava el deber de cuidado de quienes tenían a Ángel a cargo.

Los posteos de Roberto Castillo ante el posible giro en la causa de Ángel López por una nueva pericia.

Castillo abrió su descargo con una frase que marca el clima que atraviesa el caso: “La enfermedad respiratoria preexistente que padecía Ángel (según los médicos que filtraron la noticia para manipular la opinión pública), esta no constituyó la causa de muerte, sino una condición de especial vulnerabilidad que agravaba aún más el deber de cuidado que pesaba sobre los imputados”.

La aclaración es doble: por un lado, discute la lectura causal (“no constituyó la causa de muerte”); por el otro, denuncia una filtración y le atribuye una intención (“manipular la opinión pública”), algo que —en su interpretación— habría distorsionado el modo en que se recibió la novedad fuera de los tribunales.

El abogado del papá biológico de Ángel López habló sobre la última novedad en el expediente.

En el mismo hilo, el abogado buscó llevar el foco a lo que considera el documento clave dentro del expediente: la autopsia oficial. “De acuerdo a la autopsia oficial incorporada al expediente, la muerte se produjo como consecuencia de múltiples traumatismos craneales compatibles con golpes reiterados de extrema violencia”, escribió. Y enseguida sumó un dato específico que funciona como ancla técnica de su postura: “El informe médico forense documentó más de 20 focos de sangrado interno en la cabeza, incluyendo infiltraciones hemáticas y colecciones hemáticas subgaleales”.

El mensaje no sólo intenta refutar una hipótesis que —según Castillo— se instaló con fuerza, sino que además busca reordenar el debate: si existía una condición respiratoria previa, para la querella no se trata de un atenuante sino de un factor que vuelve al niño todavía más vulnerable.

Esa idea aparece desarrollada en otra de las historias, donde el abogado plantea un escenario hipotético para cerrar filas: “Para esta querella, de ser cierto lo expresado por los profesionales que filtraron la noticia en el informe complementario, la condición respiratoria del menor únicamente lo colocaba en una situación de máxima fragilidad física, circunstancia que lejos de excluir responsabilidades, agrava la conducta atribuida a los imputados frente a una víctima particularmente indefensa”.

En términos narrativos, el posteo funciona como una toma de posición frente a un giro mediático: cuando un caso se discute en la calle al mismo ritmo que en los expedientes, cada palabra pasa a ser una disputa por el sentido. Y Castillo eligió una estrategia clara: no correr detrás del tema médico, sino absorberlo y darle vuelta el argumento. Aun si esa enfermedad hubiera existido, sostiene, lo que correspondería es evaluar cuánto se la atendió, quién la atendió y qué decisiones se tomaron. En su relato, la condición respiratoria no explica el final: describe un contexto de fragilidad que demandaba más protección, no menos.