Buenos Aires, 25 abril (NA) – La llegada del influyente inversor Peter Thiel a la Argentina encendió alertas y expectativas en igual medida: no se trata de una visita protocolar, sino de un movimiento que revela cómo las élites tecnológicas comienzan a posar su mirada -y su capital- en el país, en sintonía con transformaciones más profundas del poder global.
El divulgador tecnológico Santiago Siri advirtió que la presencia de Thiel “dice mucho de dónde están sus intereses” y remarcó que su perfil lo ubica como “probablemente el inversor más influyente de Silicon Valley”. Cofundador de PayPal y de la firma de análisis de datos Palantir, además de haber sido uno de los primeros inversores en Facebook, su trayectoria lo posiciona en el centro de la economía digital global.
Según explicó Siri en el programa Economía 21, por Splendid AM 990, el interés del empresario no es superficial. “El hecho de que esté en Argentina mirando el experimento de Javier Milei de cerca dice un montón”, sostuvo, al tiempo que vinculó esta presencia con afinidades ideológicas. En esa línea, señaló que recientes publicaciones de Palantir “ponen en tela de juicio la democracia liberal tal como la conocíamos”, en sintonía con visiones anarcoliberales que también atraviesan al actual oficialismo.
El análisis ubica este fenómeno dentro de un cambio estructural más amplio: el desplazamiento de las viejas élites industriales hacia una nueva aristocracia tecnológica. “En el siglo XX los Rockefeller estaban en primera fila; hoy lo están Jeff Bezos, Mark Zuckerberg o Elon Musk”, comparó Siri, y agregó que “es la economía de los datos la que hoy genera las compañías más valiosas del mundo”.
En ese contexto, la inteligencia artificial aparece como el principal vector de poder. El especialista advirtió que los avances recientes ya muestran capacidades que superan a los humanos en ciertos campos. “Estamos entrando en velocidad de escape con los modelos de IA”, afirmó, y ejemplificó con desarrollos capaces de detectar vulnerabilidades en sistemas informáticos que llevaban décadas sin ser descubiertas. “En manos maliciosas puede ser realmente peligroso”, alertó.
La discusión, sin embargo, no es solo tecnológica sino política. Siri planteó que el poder actual radica en la capacidad de influir mediante algoritmos y plataformas digitales, lo que redefine el rol de los Estados. “El Estado es una tecnología en sí mismo y su herramienta es la ley”, explicó, aunque reconoció que “va mucho más lento” frente al avance de estas innovaciones.
Sobre ese punto, advirtió la necesidad de una dirigencia preparada para comprender estas transformaciones. “Ojalá tuviéramos más políticos que entiendan que gran parte del debate del poder mundial pasa por estos sujetos”, sostuvo, en referencia a las figuras que lideran la economía digital.
Finalmente, el especialista consideró que la decisión de Thiel de adquirir propiedades en el país y establecer vínculos más estrechos podría interpretarse como una señal de compromiso estratégico. “Es poderosamente llamativo el grado de involucramiento que está tomando con la Argentina”, afirmó, y sugirió que el país podría resultar atractivo no solo por su potencial económico, sino también por su posición geopolítica y su afinidad con las nuevas corrientes de pensamiento que emergen desde el ecosistema tecnológico global.
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