ESPECTACULO

De tirarse de la tribuna por River al gesto de lealtad absoluta de Diego Maradona: las mil y una anécdotas de Walter Mateucci

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Hay hombres que no necesitan un pasaporte para demostrar quiénes son, les alcanza con mostrar las cicatrices de mil batallas en el paravalancha y el brillo en los ojos cuando nombran a la Argentina. Walter Mateucci es, sin dudas, uno de esos elegidos.

A poco de cumplir 88 años, este santafesino que llegó a la Capital de pibe para quedar deslumbrado con las escaleras de la tribuna Centenario, se sentó con GENTE para repasar una vida que parece guionada por el destino.

Entre fotos reveladas y recortes de revistas, Walter reconstruye lo que significó ser un soldado de la Selección Argentina y de River Plate en los tiempos de Diego Armando Maradona, el Beto Alonso y Hernán Crespo, una relación que mezcló la admiración profunda con la crudeza del fútbol real.

El amor de Walter por River Plate comenzó a sus 8 años cuando su papá lo llevó por primera vez al Monumental a ver un partido.

Walter y su recuerdo de Diego Maradona

Para Walter, la figura del Diez no era la de un poster lejano. En el Mundial de Italia ’90, mientras la Selección de Bilardo avanzaba a fuerza de coraje y los penales de Goycochea, Walter y un grupo de hinchas resistían en las calles europeas con lo justo.

Fue allí donde nació una de las anécdotas que mejor pintaban la humanidad de Pelusa. A pesar de ser un referente de los Borrachos del Tablón, Walter mantenía una amistad estrecha con José Barrita, «El Abuelo», el líder de La 12.

«Entonces, yo tenía amistad con El Abuelo porque nos juntábamos muchas veces en La Candela. Estuve con él, nos hablábamos por teléfono, él tenía un negocio y para mí era una excelente persona. Otros de River no sabían la amistad que teníamos nosotros, ¿no? Pero yo lo respetaba mucho y bueno, gracias a él que no tuve problemas con la gente de Boca, y en la actualidad tampoco porque todo el mundo me respeta pues nos encontramos mucho en los Mundiales, y bueno estuvimos juntos y Maradora sí se portó muy bien mandándonos comida a todos», recuerda el viejo Walter.

La logística de supervivencia en Italia era digna de una película. Los hinchas vendían gorritos y artesanías para aguantar el día a día, pero Diego sabía que «sus pibes» estaban ahí. Walter recuerda con precisión cómo el capitán se ocupaba de ellos sin que nadie se lo pidiera: «El sabía y mandaba todos los días un camión con mercadería, sí, sí, se portó muy bien allá».

A pesar de esa cercanía indirecta, Walter, con ese código ético inquebrantable del hincha de raza, jamás se acercó a pedirle nada personal. «Nunca le pedí una foto a un jugador ni un autógrafo. Yo le doy más valor a un hincha, que sé la vida que pasa y cómo la pasa para llegar a ver un partido», sentencia con la autoridad que le dan sus casi 14 Mundiales.

A poco de cumplir 88 años, Walter Mateucci cuenta con el privilegio de haber estado en 11 Copa América y 13 Mundiales. Este año va por el 14°.

Sin embargo, el fútbol, que tantas alegrías le dio, también le reservó el sabor más amargo en tierras estadounidenses. En el Mundial de 1994, Walter estaba ahí, en la tribuna, cuando el mundo se detuvo para los argentinos. Vio el gol de Diego, el grito desaforado a la cámara y, finalmente, la imagen de la enfermera llevándose al ídolo de la mano.

El impacto fue demoledor. «Eso me quedó impactado: el grito de él cuando hizo el gol y después cuando se lo lleva la mujer para para el control». Al ser consultado sobre qué sintió en aquel instante donde al Diez «le cortaron las piernas», Walter fue tajante: «Desilusión, claro, eso tuvimos en Estados Unidos, porque teníamos muy buen equipo, claro que sí. Y bueno, así es el fútbol, ¿no?».

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Walter estuvo presente en todos los Mundiales de Diego Maradona y hasta llegó a conocerlo pero nunca le pidió una foto. Imagen de Archivo Atlántida

Walter y el día que se tiró de un paravalancha por River

Pero Walter no era solo un observador de la historia; él mismo era un protagonista de situaciones desopilantes que lo definían como un verdadero «loco de la guerra». Su fanatismo por River lo llevaba a límites físicos.

En la redacción de GENTE, recordó entre risas una tarde de Superclásico que terminó de una forma inesperada: «Una vez jugaba Boca-River en la cancha de Boca. Le dije a mi compañero ‘llega meter un gol River me tiro’. Mete un gol el Beto Alonso en el primer tiempo y me tiré y me lastimé todo. Cuando hizo el segundo me tiro de vuelta… Cuando llegué a mi casa me dice mi mujer ‘¿qué te pasó, te pegaron?’ y cuando le dije la verda me dice ‘no ves que sos un loco'».

Walter y la Selección Argentina

Esa misma intensidad la trasladaba a sus viajes por el mundo junto a El Tula, su eterno compañero de bombo y tribuna. Es que Walter conoce el mapa del fútbol como nadie, y con esa experiencia a cuestas, no duda en calificar las recepciones que recibía el hincha argentino en el exterior.

Walter Mateucci con El Tula (1940-2024) y su histórico bombo en la previa de un partido de la Selección Argentina hace ya varios años atrás.

Su mirada sobre las enemistades regionales es clara y directa: «A nosotros no nos quiere nadie, pero de todas formas creo que Perú es el país que mejor nos recibe».

«Chile es el peor de todos. Con la Selección la pasé muy mal. Con El Tula, después de una final de la Copa América casi no llegamos al hotel. Mucha violencia y yo siempre fui un tipo pacífico, cuando veía que entre varios le pegaban a uno, me metía a defenderlo porque no me gustó nunca que le peguen a uno entre varios ya sea de otro cuadro o lo que sea. Está muy mal eso. No me gustó nunca».

«No me gustó nunca que le peguen a uno entre varios», asegura Walter en la charla con GENTE.

Walter y Hernán Crespo

La lealtad de Mateucci a los colores de River y a sus convicciones no conoce de jerarquías. Ni siquiera los ídolos consagrados se salvaban de su lengua filosa si consideraba que le habían fallado al sentimiento popular.

En el Mundial de Sudáfrica 2010, el blanco de su furia fue un referente del área: «Una vuelta lo insulté a (Hernán) Crespo. Sí, en el Mundial de Sudáfrica le estaban haciendo una nota en un auto. Paso con el bombo, con El Tula y lo veo ahí. Entonces lo insulté, le dije de todo, porque cuando River se fue el descenso no fue capaz de venir a dar una mano».

Walter junto a su hija Belén en un partido de la Selección Argentina durante el Mundial de Sudáfrica ’10. La foto fue tomada en el Estadio Ellis Park de Johannesburgo y se replicó en medios de todo el mundo.

Walter Mateucci es un hombre de contrastes. Capaz de colarse en la pileta de un hotel de lujo en Qatar y terminar charlando con Louis van Gaal, pero también de llorar abrazado a un joven de 20 años en la final contra Francia porque el corazón ya no le aguanta más tensión.

Su vida es un homenaje constante a la pasión albiceleste. Aunque reconoce que el fútbol le quitó cosas importantes —«Se ha perdido familia, se han perdido muchas cosas por el fútbol. Yo perdí bastante»—, también es el motor que lo hizo superar un cáncer para estar hoy soñando con el 14° Mundial.

Para Walter, Maradona fue un genio y Pelé un grande de otra época, pero su corazón hoy late por Messi, a quien puso un escalón por encima por su calidad humana. Sin embargo, en el fondo de sus relatos, siempre sobrevuela la sombra protectora de aquel Diego que mandaba camiones con mercadería a los que no tenían nada en Italia, porque entre locos de la guerra y reyes del fútbol, el código siempre es el mismo: la lealtad absoluta.