Hay vínculos que la industria de la moda produce en serie y hay otros que persisten a temporadas, urgencias, apariencias y conveniencias. El de Calu Rivero con Stella McCartney es de estos últimos. El primer indicio visible del mismo fue una foto en el New York Times Style: la chica IT oriunda de Catamarca vestida con piezas de McCartney, la hija de Paul, hizo hablar al mundo cuando se autocalificó como “guerrera ecológica».
Era 2014. La actriz ya había abandonado la televisión tras los hechos que marcaron lo que más más adelante sería la denuncia contra Juan Darthés –aunque todavía faltaban años para que ese episodio tuviese nombre y lucha judicial– y estaba construyendo, con más intuición que estrategia, una imagen internacional que no dependiera de los set porteños. Calu fue de las primeras referentes en apalancarse como embajadora de marcas y sí, lo vio antes que muchas.

La heredera de uno de los Fab Four, del otro lado, llevaba casi dos décadas demostrando que la moda podía ser una industria con conciencia. Pionera del diseño vegano cuando nadie en el lujo quería escuchar esa palabra, fundó su marca en 2001 sobre una premisa que sus pares consideraban suicida: producir prendas bajo la premisa cero cuero y cero pieles. Para 2016, con su colección para Adidas ya consolidada y una alianza con LVMH en el horizonte, la pregunta no era si iba a sobrevivir: era cuánto tardaría el resto de la industria en seguir sus pasos.

One City, One Girl: cuando París lo hizo posible
Para 2016, Stella McCartney lanzaba la campaña #OneCityOneGirl: un proyecto de entrevistas en video donde mujeres de distintas ciudades del mundo contaban su relación con la sustentabilidad, el cuerpo y la identidad. La elegida para representar Buenos Aires fue Calu, hoy apodada Dignity.
Fue una elección que venía gestándose en silencio. Calu hasta tomó las redes de la marca. La invitación a sus desfiles en París completó el cuadro. Sus recurrentes apariciones la convirtieron en una figura convocada por McCartney por afinidad real.

Lo que las unía no era la estética –aunque ambas comparten una elegancia que no depende del volumen ni del logo–, sino algo más difícil de fabricar: la coherencia entre lo que se dice y lo que se elige. Mientras Calu llevaba años siendo vegana en un país carnívoro por definición cultural, Stella había construido su carrera entera sobre esa misma fricción, pero en la escala del negocio global de la moda.

Lo que vino después: «La vida lenta» y «más verdad»
En el medio pasó la maternidad. Calu tuvo a Tao en 2020 –Bee llegaría recién en 2024– y ese hecho reconfiguró todo: la exposición, el ritmo, las prioridades. Se corrió del ruido con una decisión que en la Argentina del espectáculo suele leerse como retiro pero que en realidad era, más bien, de reorientación. No sólo pasó una temporada en un santuario de animales: levantó Corazonada, su casa sustentable en José Ignacio, un verdadero refugio.
«Menos performance, más verdad» –sintetizó ella misma en su última publicación dedicada a McCartney–. «Menos ruido, más conexión», agregó también al referirse a su cambio de vida, cerca de «la naturaleza, a los caballos, a una forma de vivir más lenta y más cimentada».

Stella, mientras tanto, seguía empujando los límites de lo que se puede hacer dentro del sistema. En 2023 firmó una alianza con LVMH –el grupo más poderoso de la moda mundial– sin ceder en sus principios fundacionales. Y en 2025 cerró el círculo con otro nombre histórico: su colaboración con H&M. Después de veinte años, la cadena sueca y la diseñadora británica volvieron a trabajar juntas en una colaboración que lleva el mismo sello de siempre: lujo consciente a escala masiva.

De París a Montevideo: el segundo acto que llegó una década después
Que Stella McCartney haya elegido a Calu Rivero para ser parte de esa nueva colaboración con H&M –presentada en Montevideo– no es un detalle menor. Es la continuación de una narrativa que empezó en París y las encontró a ambas, diez años después, en su etapa más consciente.

«Creo que ésa es una de las razones por las que tu trabajo se ha quedado conmigo a través de los años. Porque más allá de la moda, siempre ha habido un verdadero sentido de valores, coherencia e inteligencia emocional en la forma en que creás», fueron algunas de las palabras que le dedicó la catamarqueña a la británica.
«Hay algo poderoso en ver una colaboración como ésta, en volver después de que el tiempo haya pasado», compartió Calu en el escrito que inició con un «Amada Stella». El nuevo capítulo tiene otra textura: la de los vínculos que no necesitan ruido para existir.

La icónica prenda que Stella lució en la MET Gala y puso a la venta en su collab con H&M
En 1999, Liv Tyler y Stella McCartney irrumpieron en la MET Gala vestidas con camisetas clonadas que rezaban: «Rock Royalty». Sí, dos estrellas con dinastía rockstar e «hijas de» (la primera de Steven Tyler, líder de Aerosmith; la segunda de Paul McCartney) con una declaración sarcástica con cero atisbos de Alta Costura.
La anécdota la reveló Anna Wintour, editora global de Vogue y anfitriona histórica de los «Oscar de la Moda», en un repaso por los momentos más memorables del encuentro benéfico que organiza cada año el Museo Metropolitano de Nueva York. Entre Bianca Jagger con Halston en 1974 y Sarah Jessica Parker junto a Alexander McQueen en 2006, Wintour eligió ese look de 1999 como uno de sus predilectos.
«Stella no tenía idea de lo que era la MET Gala, fue al East Village aquella tarde y cosió estas dos remeras rockeras ella misma», contó la editora.

El tema de aquella edición era Rock Style, en sintonía con una exposición que celebraba la estética del rock and roll en colaboración con el Rock & Roll Hall of Fame.

Lo irónico –o lo inevitable, según cómo se mire– es que esa misma McCartney que cosió a las apuradas en el East Village es hoy una presencia habitual en las escalinatas del MET, convertida en referente global de la moda sostenible y en una de las diseñadoras más convocadas cuando llega el primer lunes de mayo.

Stella McCartney y la conexión argentina
Antes de Calu, antes de los desfiles en París y de cualquier campaña con sello rioplatense, Stella McCartney ya guardaba una conexión íntima con la Argentina. Y la historia tiene nombre y apellido: Federico Gastaldi, hermano del fallecido Marcos Gastaldi y excuñado de Marcela Tinayre, empresario de perfil bajo con agenda de rockstar que durante años fue –según pudo saber GENTE– uno de los hombres más cercanos a la diseñadora.
El vínculo no fue breve ni superficial. «Stella llegó a presentárselo a Paul McCartney», reveló a este medio una fuente con acceso directo al círculo de la familia. Con Gastaldi, McCartney habría visitado la Argentina en reiteradas ocasiones y recorrido Punta del Este con la naturalidad de quien conoce el Río de la Plata de memoria.

Gastaldi –menor de ocho hermanos, hijo de un cónsul argentino en Uruguay, manager de pilotos de Fórmula 1 y figura clave en las tres visitas de los Rolling Stones al país– siempre encarnó el arquetipo del argentino cosmopolita que opera en silencio desde las primeras filas.
Íntimo de Mick Jagger, fue él quien organizó el asado en Barrio Parque durante una de las visitas de sus majestades satánicas. «Federico es de esos amigos que conocí a la mitad de mi camino. Sé que cuento con él en cualquier rincón del mundo», le confesó Jagger a una fuente -que prefiere el anonimato- en aquella ocasión.
El hilo que une a Gastaldi con Stella McCartney no puede leerse sin otro nombre: Rod Stewart.

Fue Federico quien trajo al cantante escocés a la Argentina a fines de los 80, cuando todavía manejaba junto a su hermano Marcos los intereses del grupo Benetton en el país y generaba espectáculos de escala internacional bajo el sello de Alea Producciones. Stewart y Gastaldi forjaron entonces una amistad que sobrevivió décadas y continentes. En una de las fotos que circularon en aquel tiempo, Federico aparece abrazado al cantante con la soltura de quien no necesita documentar nada.
Esa red –Gastaldi, Stewart, McCartney– habría tenido Buenos Aires y Punta del Este como escenarios concretos. Según pudo saber GENTE, Stella habría acompañado a Federico en más de uno de esos viajes, moviéndose por la ciudad y por la costa uruguaya con una discreción que los circuitos VIP locales supieron respetar. No hubo cobertura, no hubo fotos filtradas.
Lo que sí quedó registrado es que Stella desarrolló por el mercado rioplatense un afecto que sus colaboradores en Argentina interpretaron, con los años, como algo más que estrategia comercial. «Ella conoce el gusto argentino no sólo porque vino varias veces al país, sino porque tuvo un novio argentino», reveló una fuente de la industria refiriéndose a aquel vínculo de la hija de Paul con Federico.
Fotos: Archivo GENTE y redes sociales
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