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De la Técnica II al espacio: la historia de un salteño en la misión ATENEA

El reciente éxito del microsatélite argentino ATENEA, desarrollado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, no solo marcó un hito tecnológico para el país, sino que también dejó al descubierto historias personales que reflejan el valor de la educación técnica argentina. Una de ellas es la del ingeniero salteño Hugo Videla, quien formó parte del equipo que operó la misión desde el Centro Espacial Teófilo Tabanera, en Córdoba.

Con 47 años y oriundo del barrio Don Emilio, de la ciudad de Salta, Videla es hoy operador del segmento terreno de ATENEA, un rol clave en la recepción de datos y comunicaciones del satélite. Su recorrido profesional, sin embargo, comenzó mucho antes, en las aulas de la Escuela Técnica Nº 2 Alberto Einstein, una institución que -según destaca- fue determinante en su formación.

El satélite argentino

La misión ATENEA concluyó con éxito el 2 de abril de 2026, tras cumplir sus 20 horas previstas de operación en el marco de la misión Artemis II. Durante ese tiempo, el microsatélite logró establecer comunicaciones a más de 70.000 kilómetros de la Tierra, convirtiéndose en el artefacto argentino que alcanzó la mayor distancia en la historia.

Videla participó activamente en la operación desde Córdoba: «Recibimos telemetría en tiempo real del estado de salud del satélite a esa distancia. Eso para nosotros es todo un éxito», explicó. Las señales fueron captadas simultáneamente por estaciones en Córdoba, Tierra del Fuego y La Plata, en colaboración con instituciones internacionales como el Centro Espacial Nacional de Vietnam.

El desempeño de ATENEA permitió validar tecnologías críticas como sistemas de comunicación, control térmico, potencia y actitud, además de generar datos fundamentales para futuras misiones espaciales.

Dentro del proyecto, Videla se desempeñó en la operación del segmento terreno, es decir, el conjunto de estaciones y equipos encargados de comunicarse con el satélite. Su trabajo incluyó el uso de equipamiento especialmente diseñado para la misión, desde sistemas de carga de baterías hasta ensayos de vibración.

«Ahora estamos en la etapa de análisis de todos los datos obtenidos. Es una fase clave para capitalizar la experiencia y mejorar futuros desarrollos», señaló.

Durante la misión, además, el equipo argentino brindó asistencia a satélites de Alemania y Corea del Sur que habían perdido contacto. Gracias a una rápida intervención, lograron recuperar señales y enviar datos a las agencias correspondientes. «Fue una demostración de la capacidad técnica y de respuesta que tenemos», destacó.

La raíz

Más allá del logro científico, Videla no se olvida de sus raíces y pone el foco en su formación inicial. Cursó la primaria en la escuela San Alfonso y luego la secundaria en la Técnica II, donde adquirió herramientas que considera fundamentales para su carrera.

«La escuela técnica te prepara de una manera distinta. Los talleres, la formación práctica, todo eso después se nota muchísimo, tanto en la vida cotidiana como en lo profesional», afirmó. Incluso, asegura que recomendaría ese tipo de educación para sus propios hijos: «Si estuvieran en Salta, los mandaría a la Técnica sin dudarlo».

Según su experiencia, quienes egresan de estas instituciones llegan mejor preparados a carreras exigentes como la ingeniería: «Los primeros años de la universidad son como un repaso. Hay una diferencia clara con quienes vienen de otras orientaciones».

Vocación y desafíos

El camino de Videla no fue sencillo. Implicó mudarse a Córdoba, cursar una carrera exigente como Ingeniería Electrónica en la Universidad Nacional de Córdoba y especializarse en el campo aeroespacial.

«Tenés que tener gusto por los números, por el análisis, por resolver problemas. No es para cualquiera, pero si te apasiona, lo hacés», explicó.

Si bien habló sobre los aspectos técnicos del logro argentino no quiere entrar en cuestiones de política educativas. Sin embargo reflexionó sobre la necesidad de mayor inversión en educación técnica y ciencia; a la inversa de lo que se plantea en la tendencia oficial: «Es clave que los estudiantes tengan acceso a instrumental de última generación».

El mensaje

A la hora de hablarle a los jóvenes, Videla es claro: «Que hagan lo que les gusta y lo sigan. Tarde o temprano da sus frutos». El éxito de ATENEA, asegura, es el resultado de años de esfuerzo colectivo, trabajo interdisciplinario y pasión por la ciencia. «Es un logro que hay que disfrutar. No siempre se llega a algo así», concluyó.

Su historia, que comienza en una escuela técnica de Salta y llega hasta una misión espacial internacional, es también una muestra concreta del potencial que existe en la educación pública cuando se la sostiene y se la potencia.

Trabajo en conjunto

ATENEA es el resultado de un esfuerzo conjunto liderado por la CONAE, con participación de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (FIUBA), el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la empresa VENG S.A.

El proyecto reunió capacidades del sistema científico, académico y productivo nacional para diseñar, integrar, ensayar y operar una misión de alta exigencia técnica.

En ese trabajo se desarrollaron y validaron componentes y subsistemas clave, entre ellos la estructura, los mecanismos, la computadora de a bordo y el sistema de comunicaciones.