El director del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina, Agustín Salvia, puso en duda la reciente caída de los índices de pobreza al señalar que presenta un componente de «ficción metodológica» y no refleja una mejora sustancial en la vida de los hogares. Según explicó, existe una brecha entre los datos oficiales del Indec y la capacidad real de consumo de la población.
El sociólogo aclaró que la pobreza «bajó efectivamente», pero advirtió que debe interpretarse con cautela. «Hay cierta levedad en los datos. No se trata de manipulación política, sino de problemas en la medición», afirmó. Así, sostuvo que la percepción social no coincide con las estadísticas: el consumo de alimentos básicos como lácteos o yerba cae, mientras que el gasto en servicios esenciales absorbe cada vez más ingresos.
Uno de los puntos centrales, según Salvia, es el uso de canastas de consumo desactualizadas, basadas en estructuras de 2004 y 2005. «Hoy las tarifas tienen mucho más peso en el presupuesto familiar. La gente deja de ser pobre porque puede pagar servicios, pero no porque consuma más», explicó. Además, el índice de precios utilizado para actualizar esas canastas también mantiene ponderaciones antiguas, lo que genera resultados distorsionados. A esto se suma una mejora en la medición de ingresos que, al compararse con parámetros desactualizados, arroja caídas de pobreza que parecen más pronunciadas de lo que realmente son. Sin embargo, reconoció que la baja de la indigencia tiene un componente más real, vinculado a la desaceleración de los precios de los alimentos.
Salvia advirtió que, en términos de consumo, los hogares están en niveles similares a los de la pospandemia y que los datos más recientes muestran un leve deterioro. Estimó que el nivel de pobreza podría ubicarse cerca del 30% en el último trimestre. Y alertó sobre el impacto en la clase media baja, que reduce gastos en salud y educación. Finalmente, vinculó la persistencia del problema con el mercado laboral: el empleo privado permanece estancado, cae el público y crece la informalidad. «Estamos consolidando una pobreza estructural del 25% al 30%», concluyó.

