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Aunque la tecnología avanzó 50 años, Artemis II no bajará a la Luna: qué hay detrás de la decisión

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Pasaron más de 50 años desde que el ser humano pisó la Luna por última vez. La tecnología avanzó de forma exponencial, los sistemas son más sofisticados y hasta un celular actual supera en potencia a las computadoras de aquella época. Sin embargo, la misión Artemis II, considerada histórica, no repetirá la escena de 1969.

La nave ya viaja rumbo al satélite con cuatro astronautas a bordo, pero ninguno descenderá. Solo orbitarán la Luna y regresarán a la Tierra. La pregunta surge sola: ¿por qué hoy, con más avances, no se hace lo que ya se logró hace medio siglo?

Una misión clave, pero de prueba

Artemis II es parte de una estrategia progresiva. Durante su viaje de unos 10 días, los astronautas realizarán maniobras, pruebas técnicas y evaluaciones que serán fundamentales para futuras misiones.

La NASA apuesta a reducir riesgos antes de volver a intentar un alunizaje tripulado. Por eso, esta misión funciona como un paso intermedio, necesario para validar sistemas y preparar lo que vendrá.

El regreso a la superficie lunar está previsto recién para Artemis IV en 2028, aunque ese plazo no está completamente asegurado.

El peso de la historia… y del presupuesto

La llegada a la Luna en 1969 no fue solo un logro científico. Fue también una jugada política en plena Guerra Fría. Estados Unidos destinaba casi el 5% de su presupuesto federal a la NASA.

Hoy ese número ronda apenas el 0,35%, lo que cambia completamente el escenario.

El programa Apolo fue cancelado en 1972, en gran parte por los costos. Desde entonces, el foco se trasladó a proyectos más sostenibles, como la órbita terrestre baja y la Estación Espacial Internacional.

En ese contexto, Artemis intenta algo distinto: no solo volver a la Luna, sino hacerlo de manera sostenible y a largo plazo.

Volver, pero para quedarse

A diferencia de Apolo, el nuevo objetivo no es simplemente llegar y volver. La NASA busca establecer una presencia permanente en la Luna.

El plan incluye construir una estación espacial lunar, una base en la superficie y utilizar el satélite como plataforma para futuras misiones a Marte.

Para eso, primero hay que resolver desafíos técnicos clave: desde el módulo de aterrizaje hasta los trajes espaciales, que aún presentan retrasos.

Nuevos actores en la carrera espacial

Otro cambio importante es el modelo de trabajo. Mientras que en Apolo la NASA diseñaba todo, ahora Artemis funciona con alianzas público-privadas.

Empresas como SpaceX, de Elon Musk, y Blue Origin, de Jeff Bezos, compiten por desarrollar el sistema que llevará a los astronautas a la superficie lunar.

Además, el factor geopolítico volvió a escena: Estados Unidos busca adelantarse a China, que planea enviar una misión tripulada al polo sur lunar en 2030.

El lado oculto, el gran atractivo de la misión

Aunque no habrá caminata lunar, Artemis II tiene un momento clave: los astronautas serán los primeros en más de medio siglo en observar directamente la cara oculta de la Luna.

Durante el sobrevuelo, a unos 10.000 kilómetros de distancia, podrán registrar imágenes y estudiar formaciones geológicas que resultan clave para futuras exploraciones.

Incluso habrá un momento de desconexión total con la Tierra, cuando la nave pase por detrás del satélite.

Un paso más hacia el regreso

Artemis II no marcará el regreso del hombre a la Luna, pero sí es una pieza fundamental en ese camino.

Lejos de ser un retroceso, la decisión de no descender responde a una estrategia más amplia: volver, pero esta vez con la intención de quedarse.

Después de medio siglo, la carrera espacial vuelve a acelerarse. Y aunque el próximo paso no sea sobre la superficie lunar, todo indica que el regreso está cada vez más cerca.